CARA VINAGRE
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Cara Vinagre
Dicen que hay rostros que engañan, que detrás de una mueca de enfado puede esconderse el corazón más tierno.
Así es Cara Vinagre , uno de los kilikis más queridos de la Comparsa de Gigantes y Cabezudos de Pamplona. Con su ceño fruncido y su aire serio, podría parecer gruñón… pero quien lo ha visto bailar por las calles sabe que, en realidad, hay algo profundamente entrañable en él.
Para mí, Cara Vinagre siempre ha tenido esa dualidad irresistible: la del cascarrabias que en el fondo solo quiere reír, el guardián de las risas infantiles, el compañero inseparable de las fiestas que nunca pasa desapercibido.
Su figura me inspira ternura y respeto a partes iguales; representa esa mezcla tan humana entre la fuerza y la sensibilidad, la tradición y el alma viva del pueblo.
Al pirograbarlo, cada línea parecía suavizar un poco su gesto.
El fuego fue dibujando sus arrugas con mimo, como si revelara lo que hay detrás del personaje: la nobleza de quien acompaña generaciones, el espíritu de las calles, el latido alegre de una ciudad que nunca olvida sus raíces.
Cara Vinagre no es solo un símbolo de las fiestas; es un pedacito de historia que late en madera y fuego, un retrato de lo que somos cuando dejamos que la ternura se esconda detrás de una sonrisa disimulada.
Con fuego y alma
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