VAQUITA MARGARITA
La Vaquita Margarita
Hay personajes que nacen casi sin querer, de un trazo sencillo o de una idea que parece pequeña, y acaban convirtiéndose en algo mucho más grande.
Así nació La Vaquita Margarita : entre flores, madera y fuego.
Una pieza que, a primera vista, parece solo tierna, pero que guarda dentro de una fuerza tranquila, una especie de alegría serena que contagia sin decir palabra.
Margarita mira el mundo con calma, rodeada de flores que parecen haber brotado solo para acompañarla.
En su expresión hay algo de ternura y algo de sabiduría rural, de esos seres que viven en equilibrio con la naturaleza, sin pretensiones, simplemente siendo.
Es la representación de la dulzura sencilla, la que no necesita adornos porque se sostiene sola, como la belleza del campo al amanecer.
Mientras la iba pirograbando, cada línea se convertía en un pequeño homenaje a esa vida tranquila de los prados, donde el tiempo pasa más despacio y el corazón tarde al ritmo del viento.
El fuego fue marcando su forma con paciencia, igual que la tierra moldea la vida: despacio, con cariño, sin apuro.
La Vaquita Margarita no solo es una figura, es una energía: la del sosiego, la ternura y la alegría de estar viva. Un recordatorio de que, incluso en los días más grises, siempre hay una flor esperando florecer.

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